Seleccionar página

Tenía muchas ganas de alojarme en el Sindhorn Kempinski, porque ya había estado varias veces en su hotel  hermano el Siam Kempinski, y porque además es el hotel que tiene el centro de bienestar más grande de Bangkok. Como fan absoluta de los spas y los centros wellness, no podía dejar de probarlo.
Definitivamente es un santuario del bienestar y el hotel que tenéis que elegir si buscáis múltiples opciones de gimnasio, pilates, yoga, spa, saunas, etc. Y además, está en el centro de la ciudad.
Otros aspectos clave para mí: sus habitaciones son muy amplias – a partir de 66m2-, un lobby espectacular y uno de los mejores bares de Asia con música en vivo… os encantará.
Nada más llegar os impresionará su arquitectura de hormigón y su fachada ondulada. Rodeado de jardines, el edificio emerge del suelo y se ondula hacia el exterior, rematado por un brillante borde plateado que da forma a una de las piscinas más fotogénicas de la ciudad. Sobre ella, el hotel se expande hacia afuera y luego vuelve a recogerse, dibujando una característica forma en S que no responde solo a una decisión estética, sino también  medioambiental:

Ubicación

Está situado en las inmediaciones del Parque Lumpini y en sus alrededores encontramos varias embajadas – entre ellas, EEUU y Países Bajos-. El término Sindhorn hace referencia a Sindhorn Village, un desarrollo urbano en pleno corazón de la ciudad. Este enclave también alberga una destacada selección de restaurantes al otro lado del jardín compartido, reunidos en el complejo gastronómico Velaa.
Además el Sindhorn Kempinski ofrece transfers a la zona de Sukhumvit, con varias paradas cada 30 minutos.

Distribución

Tiene la entrada principal a la calle y otra idéntica en el lado opuesto, orientada hacia los preciosos jardines.
Su gran vestíbulo es muy característico: un espacio ideal para reunirse, encontrarse con otros huéspedes y disfrutar de un refinado té de la tarde, una de las experiencias más apreciadas del hotel.

En la planta de acceso al hotel encontramos el Lobby Lounge y a un lado el restaurante tailandés Flourish donde también tiene lugar el desayuno también, y del otro lado el Firefly bar.
Y justo al otro lado, pues todo es como paralelo, encontramos el Berthold Delicatessen, la panadería y pastelería que tienen todos los Kempinski y cuyo nombre se debe al fundador de la cadena.
En la planta 2 encontramos el enorme gimnasio. En la 9 está la espectacular piscina exterior, con numerosas hamacas para descansar. Allí también están el el Sindhorn Wellness by Resense y el restaurante japonés Ki Izakaya.
En la planta 19 se sitúan el Executive Lounge para aquellos huéspedes que se alojan en suites y el restaurante Bistrot De La Mer.
Toda su arquitectura es muy sorprendente:
Lo que me gustó son los largos pasillos que conectan las dos alas del hotel. Es grande pero no se tiene la sensación de que lo sea. Estos pasillos contribuyen a la reducción de la necesidad de aire acondicionado.

Mi Suite

El hotel dispone de 274 habitaciones consideradas entre las más amplias de la ciudad, y destacan por su sensación de comodidad y lujo. Su espacio parte de los 66 m2, de hecho, muchas tienen cocina y lavadora. Pensado también para familias.
Mi habitación, la 1501 contaba con una amplia gran zona de cocina, y sala con un sofá enorme, además de acceso exterior a un pequeño balcón.

La iluminación cálida y los cojines de vivos colores conferían al interior una atmósfera acogedora, mientras que las paredes se adornaban con fotografías de motivos ornamentales y de los azulejos decorativos del Wat Ratchabophit, construido en la década de 1860 por encargo del rey Rama V. Toques tailandeses en las paredes y en las moquetas.

Justo fuera del baño se encontraba un vestidor de gran tamaño, con un tocador completo, espacio para el equipaje y numerosos percheros.
Las amenidades de baño eran de Natura Bissé.

Todas las habitaciones del Sindhorn Kempinski cuentan con balcón, lo cual siempre es un plus.
Como es habitual en los hoteles Kempinski, todos los productos del minibar eran gratuitos. Y yo no tenía un minibar, sino una ¡nevera grande! Esto incluía botellas de agua natural y con gas y distintos zumos. Entre los aperitivos había chips de plátano, chips de verduras y barras de granola.

Bienestar

La propuesta de bienestar sorprende por su amplitud, abarcando desde un gimnasio de última generación – con membresía externa-  hasta un spa con propuestas de bienestar infinitas. En Sindhorn Wellness by Resense, es muy probable que no tengas días suficientes para experimentarlo todo. El espacio está dividido en distintas
áreas, entre ellas la «zona deporte» donde encontramos salas de bicicletas estáticas:
y salas de pilates, yoga, gimnasio con máquinas de última generación, CrossFit y espacios muy amplios y
bien diseñados.
También hay un tanque de flotación de agua salada para vivir una experiencia de relajación al estilo del Mar Muerto:

En la planta novena, donde encontramos el spa, también hay un auténtico hammam marroquí que invita a exfoliar y purificar la piel en profundidad, acompañado de una sala de sal, una sala de barro, una ducha multisensorial y el estimulante desafío de la cubeta de hielo.
La zona de saunas es mi preferida: consta de una sauna finlandesa:
una sauna de sal:

y una sauna de vapor con aroma, junto a una zona de relax con hamacas y vistas:
Además cuenta con otra zona de relax interior. ¡Tenemos todas las opciones!
Yo disfruté de un tratamiento de piernas, para drenar y aliviar la sensación de pesadez:

seguido de masaje Vichy y masaje corporal. Algo sublime:
Las 12 salas de tratamientos son elegantes y discretas:
La piscina ofrece vistas panorámicas del vecindario y un voladizo la protege de la luz solar directa. Esto tiene sus pros y sus contras: el poco sol que recibe no alcanza a calentar el agua por encima de unos «refrescantes» 27 grados.

Un gran número de tumbonas estaban colocadas junto a la piscina e incluso en el área del vestíbulo, maravilloso relajarse así:

En resumen Sindhorn Wellness by Resense es un santurario de bienestar que podríamos encontrar en un resort en la playa dedicado al cuerpo, detox y la salud, pero lo encontramos integrado en el Sindhorn Kempinski.

Gastronomía

La oferta gastronómica en Sindhorn Kempinski es muy variada, está dirigida por el español Manuel Llamas y os prometo que os gustará mucho. Siendo oficialmente una cadena de orígen alemán, el chef ejecutivo y el chef pastelero Simon Eberhardt ya nos aseguran los mejores panes pues, como es sabido los panes alemanes son de los mejores. Dicho esto, todas las propuestas que probé me encantaron:
Berthold Delikatessen: es la tienda (con un par de mesas altas) donde comprar los pasteles y panes más espectaculares:

Flourish: es el restaurante principal del hotel e invita a sumergirse en los sabores cautivadores de las cocinas tailandesa y libanesa, en un entorno precioso, especialmente por sus jardines. Recetas tailandesas auténticas son reinterpretadas con maestría por un chef galardonado con el MICHELIN Bib Gourmand, dando vida a clásicos como la ensalada de flor de plátano con pollo desmenuzado o las flores de leche salteadas con cerdo fermentado y gambas:

Ahí tiene lugar también el desayuno, un #GraupixBreakfast con literalmente de todo, especialmente frutas tropicales, sección de quesos y curtidos, propuestas libanesas (a las que ataqué a diario) y platos calientes con todo tipo de huevos y platos tailandeses que cambiaban cada día.

Bistrot De La Mer: ubicado en la planta 19 es un restaurante que demás ofrece unas vistas exclusivas y un diseño maravilloso:

Su carta es como estar en un bistrot en Marsella donde encontramos diferentes tipos de ostras, bullabesa y productos mediterráneos elaborados con recetas francesas:

Firefly Bar: este maravilloso bar es el lugar perfecto para disfrutar de cócteles de autor -actualmente ocupa el puesto #82 en los Asia 50 Best Bars.
Elegante y el lugar ideal para ver y ser visto.
Ki Izakaya: es el Izakaya japonés que no probé y que me queda pendiente para mi próximo viaje.

Sostenibilidad

El edificio en sí es sostenible, fue concebido desde el inicio para poder favorecer la sostenibilidad en todos los sentidos. Ya por su forma curvada y su diseño, permite que el aire y la luz fluyan hacia arriba y a través del edificio, aprovechando al máximo la energía de la naturaleza para ahorrar en iluminación y aire acondicionado mientras crea una atmósfera sublime en cada nivel.
La terraza de la piscina, completamente al aire libre, ocupa el corazón del edificio y está flanqueada por plantas de habitaciones dispuestas en forma de atrio tanto por encima como por debajo. El aire fresco penetra desde el jardín, asciende por el exterior y se filtra hacia el interior a través de la terraza, donde es captado por un sistema de ventilación diseñado para maximizar la eficiencia ecológica. Este flujo natural ayuda a reducir la carga del aire acondicionado y a mantener el edificio fresco durante la noche.
La planta baja —en cuyo exterior se conservan cuidadosamente cuatro árboles centenarios— funciona como un invernadero dentro de otro invernadero, y es quizás el único lugar donde podrías encontrarnos hablando con entusiasmo de un “techo de cristal”. La luz natural entra por todos los lados y también desde arriba, gracias a un vacío en forma de U en los cuatro niveles superiores, que permite que el sol se filtre sin importar su posición en el cielo.
No sorprende, entonces, que esta propiedad cuente con las certificaciones LEED Silver y EarthCheck Silver.
En este link podéis ver todas mis fotos del Sindhorn Kempinski
Aquí veréis el vídeo de mi suite 1501 en el Sindhorn Kempinski
Linkad aquí para ver el vídeo de la zona de bienestar del Sindhorn Kempinski
En este link encontraréis múltiples artículos míos sobre Bangkok
Podéis mirar #GraupixBangkok en mis redes sociales para ver fotos y comentarios sobre Bangkok