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Como lectores asiduos, sabéis que cuando visito una ciudad, intento visitar el máximo número de hoteles posibles, de lujo y algunos boutique para poder compartir e inspiraros para próximos viajes. Encontráis en mi web, propuestas de hoteles en todas las ciudades y para todos los presupuestos, y siempre #GraupixApproved.
En mi penúltima visita a Viena, una de mis ciudades preferidas de Europa, visité varios hoteles, entre ellos el Palais Hansen Kempinski Vienna que me encantó, y como no es lo mismo, jamás lo es, visitar un hotel, que dormir en él y probar todos los servicios, en mi último viaje decidí alojarme en este palacio diseñado por el danés Theophil Edvard Hansen.
Hansen también es el arquitecto del edificio del Parlamento (ahora en remodelación), la Vienna Music Society, el antiguo edificio de la bolsa, el Museo de Artes Aplicadas y también el Palais Epstein entre muchos otros. Hansen pasó 7 años en Grecia y esa experiencia se refleja en las múltiples columnas griegas características de sus edificios.
El legado original de Theophil Hansen, todavía es visible en la elegante fachada,las columnas monumentales del vestíbulo, el vestíbulo del gran salón, los marcos de las ventanas del s. XIX y las escaleras con sus barandillas de hierro fundido delicadamente forjadas. Al igual que con muchas de las obras de Hansen, Nike, la diosa griega de la victoria, vigila el edificio. Su estatua en el techo es un recordatorio de las grandes victorias de Viena, su imagen en el logotipo del hotel rinde homenaje al propio célebre arquitecto.
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Mi experiencia fue realmente fabulosa, por servicio y por cómo me he sentido. Ocupé la suite 329, con dos espacios: salita y habitación, y baño con bañera:Y tuve una deliciosa bienvenida con algunos de mis manjares preferidos: !Mango, Nutella y champagne!El hotel dispone de un lobby espectacular con una lámpara de cristales tan grande, que tuvieron que colocarla en un pedestal pues el techo no podía resistir su peso.
Es el corazón del hotel, donde todo transcurre, todos lo cruzamos y todos dedicamos un rato a sentarnos y relajarnos ahí. Por cierto, en Palais Hansen Kempinski Vienna hacen pasteles deliciosos que se pueden degustar en el lobby. Yo opté, por un clásico Apfelstrudel que era absolutamente delicioso y os aseguro que repetiré en mi próxima visita a la ciudad.De hecho, la gastronomía es una de las bazas más importantes del hotel, disponen de un restaurante con estrella Michelin, Edvard que estaba cerrado por vacaciones cuando yo estuve allí. Queda pendiente, pues, probar este inspirador restaurante. Y como soy animal de costumbres, siempre pido Club Sandwich en los hoteles donde me alojo, me encanta, y no en todas partes lo hacen bien, en Kempinski sí saben hacer un buen Club Sandwich, y le añadí una tarta de chocolate.La propuesta del desayuno es enorme. Es mi comida favorita del día y la disfruté cada mañana. Algunas de las hierbas utilizadas por el chef, las sacan del huerto de la primera planta, donde también pueden acoger eventos privados:Y también disponen de grandes salas para conferencias o celebraciones, con toques árabes. Con entrada propia.Mi parte preferida del hotel, es el spa de inspiración árabe, sí, tal cual, con mosaicos, lámparas árabes, precioso.

Fui a diario a disfrutar de las saunas y de la piscina. Disponen de sauna mixta y sauna sólo para mujeres, la zona es perfecta para relajarse.Utilizan productos Barbor para sus tratamientos y además disponen del exclusivo HydraFacial que es lo mejor para limpiar profundamente la piel facial. Tuve la suerte de poder disfrutar de un tratamiento y la piel me quedo limpia, tersa y brillante.
Sin duda, el hotel es uno de las mejores elecciones para alojarnos en Viena. Además, a 1 minuto caminando tiene el metro, el Danubio, enfrente tiene parada de tranvía, y está en la Ringstrasse que significa, que todo lo que tenemos que visitar está a un tiro de piedra.