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Soy una friki de los productos de belleza, me encanta probar nuevos potingues y descubrir marcas ecológicas para compartirlas en mi blog. Y la verdad, es que nunca había tenido la oportunidad de hacer mi propia crema hidratante, y en la Costa del Sol, surgió la oportunidad. Y fue en Al-Huerta, un centro de educación medioambiental, cuyo objetivo es el fomento de hábitos saludables y está situado a pocos kilómetros de Málaga, en Alhaurín de la Torre.
Se encuentra en una hermosa finca de 8 hectáreas dedicada básicamente al cultivo ecológico de cítricos, tomates, pepinos y otras verduras, es sencillamente un lugar mágico por como está concebido y pensado. Y os cuento todos los detalles aquí.
El proyecto Al-Huerta está liderado por Rocío, una joven emprendedora cuya aventura empezó hace un par de años con el sólo fin de compartir sus conocimientos como una experiencia educativa, no sólo a nivel teórico, sino también experimental.
Cuando llegué allí, me recibieron con un zumo de naranja recién exprimido de naranjas ecológicas de la huerta. Sensacional. Y lo siguiente que hice, fue un recorrido por los campos acompañada de Rocío que durante el paseo me iba mostrando las diferentes plantas y vegetales que son todo un exotismo para una urbanita como yo.Cogimos algunas frutas y verduras para poder después cocinarlas y degustarlas. Se unió Juande, técnico especializado en plantas medicinales y agricultura ecológica. Debo decir que toda la familia de Al-Huerta es especial, son trabajadores con amplios conocimientos en lo suyo, muy especializados y muy comprometidos con el proyecto.
Además, descubrí lo maravilloso de recolectar allí mismo lo que luego iba a consumir en el almuerzo. Distinguí una frescura y un olor especial en los alimentos ecológicos que se trabajan en esta finca y que marcan sin duda la diferencia en la mesa. En mi visita, aprendí el valor de la recuperación de semillas de hortalizas y frutas del lugar como las de tomate corazón de toro de Benaocaz.Durante el recorrido se observan los árboles autóctonos y las diferentes variedades de cítricos. Aprender e inspirarme, eso hice. Rodeada de cultivo de cítricos bio, pude disfrutar de unas instalaciones en donde se respira tranquilidad, salud, bienestar… viví una experiencia muy enriquecedora, a la que no le falta detalle, y me llevé un gran aprendizaje sobre la tierra y sobre cómo nos relacionamos con ella.Con Juande iniciamos un recorrido llamado El Paseo del Alquimista. Directamente me trasladé de lleno al mundo andalusí, oliendo, tocando y disfrutando de un sinfín de plantas, cultivadas y silvestres, descubriendo así la infinidad de usos tanto medicinales, como de cosmética, como culinarios que pueden llegar a tener. Nunca pensé que podrían ser tantos y tan diversos. Fue muy enriquecedor y disfruté del entorno con plena consciencia de lo que estaba haciendo y aprendiendo en cada momento.Además, allí descubrí y aprendí sobre la simbología alquimista. Sobre la tierra, el fuego, el agua, el sol, la luna… toda esa sabiduría heredada de nuestros ancestros, cuando confluían el cuerpo, el alma y el universo de forma totalmente conectada. Algo que hoy en día cuesta tanto y que es tan importante recuperar. Lugar ideal para hacer mindfulness.Me enseñaron cómo ha sido nuestra relación con la tierra durante miles de años, algo que se ha ido perdiendo y que en Al-Huerta han ido recuperando, relacionándose de nuevo con la tierra a través del simbolismo. Puedo decir, sin duda, que es el huerto más diferente y mágico en el que he estado.
En el Taller del Alquimista fue donde hice mis cremas de cosmética natural y ecológica, todo con ingredientes obtenidos de la naturaleza, me fasciné. Aprendí sobre la cosmética y la perfumería más pura y antigua.Descubrí también cómo se usa un alambique para obtener los aceites y perfumes directamente de las plantas. Me llevé, hecha por mí, una crema de noche destinada a cuidar la piel y mucha sabiduría ancestral en donde lo natural es el centro de cualquier elaboración. Primera vez y encantada con el resultado.Y por supuesto, comí de lujo. No puedo sino recomendar probar un almuerzo hecho con ingredientes naturales y ecológicos directamente de la huerta.Saboreé una deliciosa paella, ensaladas con verduras -que recogí yo misma-, limonada biodinámica de producción propia, pan artesanal de harinas ecológicas y queso malagueño certificado por el sello Sabor a Málaga. Y me deshice de gusto con los postres: frutas de temporada (mango, maracuyá) con todo el sabor y el frescor que impregnan Málaga y un delicioso pastel casero directo de las manos de María, integrante de esta familia que se llama Al-Huerta y de la que ya me siento también parte.
Un entorno único, espectacular, donde aprender sobre la tierra y la historia entre amigos, familiares o también perfecto para eventos peculiares y que marquen la diferencia. Que vayan más allá de una simple presentación o incentivo diferente y educacional.Y para culminar, un poco de flamenquito del bueno. Sencillamente un lujo experimentar Al Huerta. Sin duda, un must cuando se visita la Costa del Sol.