Mi experiencia en Illa Experience Hotel, Quito

Cuando viajamos queremos conocer lo máximo posible de nuestro destino, nueva cultura, nueva gastronomía, nuevas gentes. En Illa Experience Hotel se basan en la cultura para acercarse a sus clientes, para hacerles sentir el país que les acoge, Ecuador, y la ciudad, Quito. En Illa cada día se ofrecen costumbres locales para que los huéspedes conozcan más sobre el lugar donde están.
Situado en el barrio patrimonial de San Marcos, es prácticamente una cápsula de tiempo dentro del Centro. Un microbarrio, donde todos se conocen, se compra en los negocios de proximidad, en un área en donde tiendas de víveres, pintores y artesanos se codean con museos, bares, hoteles boutique, cafeterías y restaurantes, encendiendo un foco cultural que vibra con autenticidad.


Illa Experience Hotel abrió sus puertas a finales de 2017 en una mansión reformada que data de la década de 1800.
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El hotel ha conservado muchos elementos del pasado colonial de la estructura, aunque la decoración se vuelve progresivamente más contemporánea a medida que asciende del primer al tercer piso: el primer piso del hotel es colonial, el segundo republicano y el tercero contemporáneo -diferentes materiales e inspiraciones acorde a cada estilo-.
La gran e imponente fachada immaculada del hotel, se abre y lo primero que hacemos es bajar unas escaleras. Cruzamos un atrio, y me comentan que todas las casas de la “república” fueron construídas con este patrón.

El personal completa el proceso de registro de entrada en las habitaciones de los huéspedes. Allí me esperaban unos dulces de bienvenida, un termo de agua caliente, y la hierba guayusa, que se dice que ayuda a aliviar los síntomas del mal de altura. De hecho, en Quito, que está a 2830 metros de altitud, lo notaréis en seguida, y puede llegar a sentaros muy mal. Recomendable tomar la hierba de la guayusa.
Yo necesité doble ración, pues la altura me hizo sentir bastante mal. A cada uno le afecta diferente.
Las diez habitaciones de Illa están repartidas en tres plantas. El primer piso, que forma parte de la estructura original, es de estilo más colonial, mientras que en el segundo piso, añadido en 1908 es de estilo republicano y las habitaciones son de un aire más contemporáneo. El estilo es más moderno y muy confortable.

A pesar de estas diferencias, todas las habitaciones se sienten como si fueran parte de una elegante casa familiar, con ropa de cama bordada, alfombras hechas a mano, calefacción por suelo radiante y bañeras en las suites:

Las comodidades modernas, como televisores, mini bar y cajas fuertes, se esconden discretamente detrás de una pantalla o se meten en un armario. Algunas habitaciones de la planta superior tienen vistas a los tejados y a la famosa estatua de la Vírgen del Panecillo en lo alto de una colina.

En la parte inferior de la propiedad se encuentra un pequeño spa con una camilla, un bonito jacuzzi y un mini gimnasio que utilicé a diario.

También encontramos una bonita bodega de vinos que se puede utilizar para catas o para cenas privadas.

Todo ello se hilvana alrededor de un bonito patio interior.

El restaurante Nuema, está siendo uno de las sorpresas de la ciudad, operado por el chef Alejandro Chamorro, cada noche hay un menú degustación de 3 o de 7 platos diferentes. Según lo que haya encontrado en el mercado.
El restaurante tiene cocina a la vista y es súper agradable, pequeño y coqueto. Y customizan lo que el huésped desee.

Mi cena, fue realmente deliciosa: ensalada de coliflor, langosta de Galápagos y un postre de fresas y rosas:

Los desayunos son en el mismo restaurante Nuema: una bandeja viene ya preparada con varias propuestas dulces y saladas. Y para mi también incluyó Nutella.
Y con vistas a la Vírgen del Panecillo.

Por cierto, si tenéis hambre a deshoras, en la primera planta del hotel, siempre hay algo para desayunar, para tomar, té de la tarde, etc:

Y la terraza de Illa es sin duda uno de los mejores rincones de la ciudad: espectacular con vistas a la Vírgen y tranquilísima. El mejor lugar para tomarse una copa al atardecer, de verdad que es fabulosa
A diario vienen ofrecidas experiencias locales, a las cinco de la tarde, y me encantó, porque en realidad sin salir del hotel, se puede tener un primer impacto sobre la cultura local. De hecho, de ahí viene su nombre, lo de Illa Experience Hotel. En Quichua, Illa significa luz sagrada.
Las experiencias que yo pude disfrutar fueron:
Helado de paila: Una quiteña que es experta en helados comienza la mezcla en una olla gigante forrada con hielo. Vierte leche, un poco de azúcar y fruta fresca, con frecuencia "fresillas" (fresas), y remueve sin parar. Eventualmente, el helado comienza a solidificarse en una deliciosa pasta congelada suave y cremosa, que la señora sirve en un cono. Parece más bien un sorbete.

- Folklore ecuatoriano: poder admirar de cerca los trajes típicos, coloridos, y cada uno con su significado según de dónde procedan, muy interesante. Y la música! En Illa ​tiene lugar en la terraza:

Chocolate ecuatoriano caliente, es muy típico en Ecuador tomar una taza al día -una cosa que me sorprendió, es que me ofrecieron probarlo mojado en queso- y en Illa nos hicieron una demostración:

- Artesana que hace los sombreros de Panamá, que aunque el nombre indique otro país, los sombreros son hechos en Ecuador