Mi experiencia en Hotel Húsafell, Islandia

Mi historia con Husáfell empezó un martes de Diciembre durante ILTM Cannes 2017. En un desayuno de prensa de National Geographic, nos dieron a todos los que acudimos a ese desayuno un bono para alojarnos en cualquier Lodge de National Geographic. En ese momento había 54 opciones por todo el mundo. Elegir no era fácil entre tantos lugares interesantes para visitar.
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Podéis mirar en mis redes sociales las etiquetas #GraupixHusafell y #GraupixIceland
Opté por Islandia pues era uno de los países que estaba en mi #bucketlist y tenía muchas ganas de ir. Finalmente con el vuelo directo desde Barcelona de Norwegian y el apoyo de Turismo Islandia, organicé mi viaje.
El vuelo sale desde el aeropuerto de Barcelona a las 5,45 de la mañana, ese día tocó madrugar. ¡Pero feliz!

El vuelo dura tan sólo 4 horas y algo más. El aeropuerto de Keflavík es pequeño y práctico, por lo que los trámites de recoger maleta y cambiar moneda, son rápidos. Un #pickupinstyle comme il faut con la empresa Snaeland

Dos horas de conducción por carreteras bucólicas, verdes, rodeadas de altramuces azules (gran controversia: son preciosos para las fotos, pero en Islandia me dijeron que los odian, podéis leer este artículo).
Caballos, ovejas, laderas verdes… pura maravilla para los ojos.

A las dos horas llegamos a Húsafell, está a unos 150 kilómetros de Reikiavik. El complejo va mucho más allá que un hotel y ofrece muchas opciones para los viajeros: una zona de camping, unas cabañas preciosas, campo de golf, piscinas geotérmicas.
Todo empezó en los años 60 cuando una familia cuyas raíces se remontan a siete generaciones en la zona, decidió preservar el terreno y aportar algo a la comunidad.

El hotel fue inaugurado en 2015, y su arquitectura es uno de los motivos por los que lo elegí: es moderna pero con un toque rústico, y un diseño muy basado en la naturaleza y en la artesanía local. Todas sus ventanas son de suelo a techo, y desde cualquier punto podemos ver las vastas extensiones verdes de tierra (en invierno blancas, claro).

Y llena de esculturas del artista local Páll Guðmundsson, quien además tiene su estudio en la misma zona del hotel:

Los espacios públicos del hotel son para sentarse y sentirse bien. Descansar y abandonar nuestro ritmo habitual:

Las habitaciones son amplias, bonitas y sencillas, sin estridencias y muy prácticas.

Y con amenidades islandesas: Sóley que son productos orgánicos y con un muy buen olor:

La gastronomía es otro de los puntos fuertes de Húsafell, por su bonito restaurante presidido por una espectacular chimenea rústica

Y obviamente por su gastronomía, moderna y basada en productos islandeses, con una carta variada para todos los gustos y que incluyen bebidas artesanales de microcervecerías de la zona

Cada noche fue una fiesta de sabores, y con el valor añadido que todo lo elaboran ellos mismos en la cocina: la deliciosa selección de panes, la sal de remolacha, etc...

Y sus desayunos disponen de frío, caliente, fruta, pan deliciosisimo, y Nutella!

Cada día acudí a las piscinas a relajarme. Son de uso público pagando, e incluídas en el precio de la estancia del Hotel Húsafell. El agua caliente, a unos 38 grados, y con muchos minerales es excelente para la piel

El hotel propone unos itinerarios muy fáciles alrededor para disfrutar de la zona, se distinguen por el color y están muy bien señalizados:

 

Curiosidades por el camino que elegí: Húsafell fue mencionado por primera vez en el siglo XII, alrededor de 1170 cuando se pobló por primera vez. Varios sacerdotes se establecieron allí. El más famoso fue Snorri Björnsson (1711 – 1803). En 1768, el reverendo Snorri construyó a una nueva iglesia igual en tamaño a la antigua y añadió un nuevo púlpito nuevo. Esta fue la última parroquia de Húsafell. Hasta 1813, y el cementerio fue utilizado hasta 1852. Hacia 1930 un trabajador de la granja de HúsafellJakob Guðmundsson, afirmó que se le apareció en un sueño el reverendo Snorri donde le pidió que vallara el cementerio y construyese una puerta de entrada para una nueva iglesia. Ésta fue erigida entre 1950 y 1973 con el diseño del pintor Ásgrímur Jónsson y Halldór Jónsson creada con los dibujos de arquitecto. 

El arte de piedra en la iglesia está hecha por el artista Páll Guðmundsson, quien vive y tiene su taller enfrente en la misma zona. Una arquitectura que me evoca a ninfas y leyendas. Espectacular.

En Húsafell todo hace que la energía fluya, el paisaje, la amabilidad de los empleados, la comodidad de la cama… todo contribuyó a que disfrutara de un sueño profundo y plácido; y esto teniendo en cuenta, durante mi estancia, nunca oscureció, pues era el solsticio de verano y en Islandia en junio, no se hace de noche.
Simplemente fantástico (La foto es de las 2 de la noche). 

Y para terminar el viaje apoteósico en Islandia, un #pickupinstyle en el aeropuerto de Barcelona con un fabuloso Maybach de Blai Limousines, el mejor servicio de limusinas desde 1962.