Mi experiencia en Rosewood Phnom Penh (Camboya)

Visité Phnom Penh (la escritura oficial en español es Nom Pen) en 2007, en esos momentos los dos mejores hoteles de la ciudad eran el Raffles y Cambodiana - un hotel de propiedad local- . La ciudad me pareció fascinante porque era todavía la postal de lo que uno se imagina que es Asia, sin mucho desarrollo y con mucha autenticidad. Con la excusa de conocer el nuevo hotel Rosewood Phnom Penh he tenido la oportunidad de regresar y he podido observar que esa autenticidad sigue intacta y que la ciudad se ha desarrollado muy poco en estos doce años que han pasado desde mi primera visita.
Cierto es que he visto un par de centros comerciales nuevos, he comprobado que la zona del paseo por el río la han arreglado considerablemente convirtiéndolo en un lugar muy agradable para pasear. También encontramos rascacielos cosa que antes no había. Pero el resto sigue igual: los mercados de comida fresca, la gente amable y sonriendo, los tuktuks y el caótico tráfico que no han conseguido cambiar con el paso de los años.

Ese caos observado desde la planta 37 del rascacielos donde está ubicada la terraza Sora en el Hotel Rosewood, convierte la distancia entre el visitante y el lugareño todavía más grande, y ayuda a visualizar la inmensidad de esta ciudad que sigue en evolución y que seguramente hasta dentro de una o dos generaciones no habrán cambios visibles en la sociedad.

Tomé un vuelo de Bangkok a Phnom Penh con Bangkok Airways que es la aerolínea boutique que enlaza Bangkok con la mayoría de destinos en Asia. Apuntadla porque os gustará muchísimo, servicio tailandés perfecto y además incluyen el uso de la sala VIP propia para todos los viajeros.

El hotel me recogió con un #pickupinstyle y en 30 minutos llegué a mi destino (el tiempo siempre depende del tráfico en este caso)

Rosewood Phnom Penh se encuentra en la torre Vattanac Capital, el rascacielos más alto de Camboya - 42 plantas -. Ofrece vistas panorámicas de la ciudad, así como  de los ríos Mekong y Tonle Sap. La recepción se encuentra en la planta 35 y las habitaciones están distribuidas de la 24 a la 42. El resto son oficinas y residencias.
Diseñado por BAR Studio Melbourne, y dos de sus restaurantes creados por los japoneses Bond Studio. El interior del hotel tiene como objetivo captar la esencia del país con una mezcla de aspectos arquitectónicos jeméres, por la herencia colonial francesa y con técnicas artesanales camboyanas, y todo enlazado con un sutil estilo clásico y contemporáneo con el arte de protagonista.

El hotel está repleto de obras de arte, no sólo de artistas locales, pero sí mayoritariamente. Me fascinaron las esculturas  de arte contemporáneo hechas con alambre del artista surcoreano Seungmo Park, el gran mono que preside la llegada del hotel y los dragones de la zona de la recepción

Hay un cuadro interesantísimo que dibuja unas flores y está hecho con las sobras de cuando de saca punta a un lápiz. Si nos acercamos a él, lo podremos observar. Alucinante!

En la planta 35 cuentan con 112m2 de galería de arte que van cambiando cada poco tiempo.

Todo el hotel está decorado con maderas oscuras, mármol travertino, tonos neutros que cambian de color con la iluminación vespertina, grandes ventanales que regalan a nuestros ojos unas vistas únicas de la ciudad. Múltiples espacios para tener reuniones discretas o para tener una conversación con calma. Es un hotel que no se capta en un día, está pensado para ser disfrutado en cada uno de sus rincones, restaurantes o salas.

Check in eficiente y me dirigí a mi habitación, la 2610. De diseño muy urbano y con enormes ventanales de techo a suelo con vistas a la ciudad y al río Mekong. Sábanas y albornoces Frette, baños de mármol travertino –la pared de la bañera y que da al dormitorio se abre y se cierra para poder ofrecer privacidad. Los toiletries han sido creadas exclusivamente por el maestro perfumista Christophe Laudamiel.

En la Brasserie Louis tiene lugar el desayuno que es mitad a la carta y mitad en formato buffet. Desde luego es el desayuno más alto que os podéis comer en Camboya, por lo que os sugiero que ni que sea para poder tomar vuestra foto en Instagram vayáis a desayunar o a comer ¡Desayuno convistas espectaculares!

La carta del almuerzo propone platos internacionales –especialmente francesa- y camboyanos clásicos como el magnífico amok que me comí en una presentación con hojas de plátanos, riquísimo.

Su té de la tarde o su pastelería son el lugar de la sociedad camboyana para ver y ser visto. Sin duda es el lugar de encuentro, en mis tres días en el hotel, estaba siempre lleno. Yo, como no podía ser de otra manera, merendé una éclair de chocolate negro super bueno.

Cené en el restaurante japonés Iza, que está dividido en varias partes, de barra, de mesas, bar, etc. Acero, vidrio y super ambiente para una comida deliciosa. En sábado noche estaba a rebosar

Sora –que significa cielo en japonés-, es el bar más alto de Camboya:  se encarama en una terraza en voladizo desde el piso 37. Se visualiza desde toda la ciudad.
El bar ovalado central protagoniza el espacio que está repleto de taburetes de aeropuerto o cómodos sofás (sugiero que reservéis)
Las puestas de sol, son realmente únicas. En este link podéis ver mi vídeo de la terraza Sora

Una magnífica piscina infinita interior nos recibe en la zona del wellness: gimnasio, spas y saunas (cuando yo me alojé, esta zona no estaba terminada).

Para ver mis fotos de Rosewood Phnom Penh linkar aquí
Para ver mi vídeo de Rosewood Phnom Penh linkar aquí

Desde el hotel es muy fácil movernos por la ciudad, mi propuesta es que reservéis el tuktuk del hotel -mucho más estiloso que los que encontraréis por la calle- y podáis visitar el gran palacio y la pagoda plateada, subir al Wat Phnom y pasearse por el bonito y agradable paseo enfrente del enorme Río Tonle Sap (afluente del Mekong). Podéis emplear toda una mañana y también sentir en vuestra propia piel la aventura de adentrarse en el caótico tráfico de la ciudad que parece no tener ley ni similares.

También os propongo que compréis una entrada para ver el espectáculo de danza de Cambodian Living Arts que tiene lugar a diario a las 7 de la tarde en el Museo Nacional de Camboya. El show dura una hora, y para comprar las entradas y tener toda la información linkar aquí
Cambodian Living Arts se fundó en 1998 por el músico Arn Chorn, superviviente del genocidio. Durante una década, se enfocaron en recuperar rituales y formas artísticas que fueron en su gran mayoría prohibidas por el régimen de los jemeres rojos, y el 90% no sobrevivió. Corría el peligro que la herencia artística se perdiera para siempre. En los últimos 20 años han realizado un programa de recuperación y de búsqueda de talentos para darles apoyo, recuperar las danzas tradicionales y montar el espectáculo.

Si queréis visitar Camboya o países vecinos en un tour organizado, sin tener que preocuparos de nada, os sugiero Charming Cambodia, los he utilizado dos veces y doy fe de su profesionalidad y conocimientos de la zona.