Siempre digo que todos los hoteles de lujo, son hoteles maravillosos. Que la diferencia radica en el servicio y en el efecto wow. En algo que me impresione, sea en su arquitectura, en su diseño, en su gastronomía, o incluso en sus detalles conmigo, en algo que les diferencia frente a los demás. 
Y no siempre se trata de algo costoso, sino de personalizar, de buscar cómo llegar al alma del huésped y penetrar en sus recuerdos. De compartir productos locales y originales, que les distingan frente a otros. 
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